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Fenómenos climáticos ponen en riesgo seguridad alimentaria en Centroamérica

El Salvador y Centroamérica en general enfrentan un problema serio para alimentar a la población. El paso de la tormenta tropical Ida y Agatha, a finales de mayo, arruinaron buena parte de las cosechas. Y el panorama no pinta bien: se esperan más tormentas y huracanes en el presente invierno. El Salvador, siempre deficitario en producción de verduras, ahora tendrá que aumentar sus importaciones en un 30%.

Texto y fotografía Edgardo Ayala, ContraPunto

SAN SALVADOR - Isidro Rivas, de 48 años, vivía apaciblemente cosechando maíz, maicillo, chile y papaya, en su terreno de cuatro manzanas, en el cantón Izcanal, localizado a unos 5 kilómetros al oeste del Puerto de la Libertad.

Pero en noviembre pasado su paz se vino abajo. Apareció la tormenta tropical Ida, y las lluvias y el desbordamiento del río Grande anegaron su terreno, arruinando sus cosechas.

“Me sentía preocupado, sin cosechas no hay ingresos, y sin ingresos se sufre de hambre”, dijo Rivas a ContraPunto, en abril pasado. Le preocupaba la alimentación de su familia, compuesta por sus cinco hijos y su mujer. Y eso que no sabía que tendría más lluvias torrenciales con la llegada de otra tormenta tropical: Agatha.

 

Los frijoles fritos ya no están seguros

Rivas ha aprendido que, desde que el clima ha ido enloqueciendo en los últimos años, sus cosechas ya no están seguras. Ni tampoco las tortillas ni los frijoles fritos en la mesa.

Y es que las condiciones climáticas adversas, entre otros factores, han venido malogrando las cosechas de los agricultores en El Salvador y otros países de la región, lo cual pone más presión a la vulnerabilidad alimentaria que ya afecta al Istmo.

De hecho, por primera vez Guatemala formó parte en 2009 de un listado mundial, elaborado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), de países que enfrentan perspectivas desfavorables para las cosechas.

El fenómeno climatológico conocido como ENOS (El Niño/Oscilación del Sur) produjo en septiembre y octubre de 2009 un déficit de precipitaciones en toda la región, que perjudicó la plantación de los cereales y frijoles secundarios “de postrera” de 2009 en algunas partes de Nicaragua, Guatemala, Honduras y El Salvador, señaló el informe de la FAO, de noviembre del 2009.

El Huracán Ida, que azotó parte de la región centroamericana en noviembre de ese año, dañó considerablemente la estructura productiva agropecuaria de la región, causando millonarias pérdidas. En El Salvador las intensas lluvias dejaron 198 muertos, 15,000 refugiados y $239 millones de dólares en daños y pérdidas.

“Todo mi esfuerzo quedó arruinado, solo se salvó un poco de la cosecha de maíz”, dijo Isidro Rivas.

Y por si fuera poco, la región, principalmente Guatemala y El Salvador, volvió a enfrentar la fuerza de la naturaleza con el paso de la tormenta tropical Agatha, a finales de mayo de este 2010. Las pérdidas en el sector agropecuario alcanzaron los $6 millones de dólares en El Salvador, según cifras oficiales, pero el impacto económico total aún no ha sido cuantificado, pero será cuantioso, advirtió el Secretario Técnico de la Presidencia, Alexander Segovia.

“Ya sea inundaciones o sequías, los extremos siempre perjudicarán los rendimientos de la agricultura. Sobre todo, cuando aproximadamente el 60% de los granos básicos en El Salvador se cultivan en laderas”, señaló a ContraPunto Edgar Cruz, del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

El Salvador, siempre deficitario en producción de verduras, ahora tendrá que aumentar sus importaciones en un 30% para satisfacer la demanda, con un costo estimado de $100 millones, según cifras de la salvadoreña Cámara Agropecuaria y Agroindustrial (Camagro), citadas por La Prensa Gráfica.

Según esa gremial, a principios de año El Salvador importaba seis de cada 10 hortalizas consumidas, pero ahora con los estragos dejados por Agatha, importa nueve de cada diez. Se reportan alzas en los precios de vegetales en los mercados del país.

“La forma más práctica de medir el nivel de seguridad alimentaria es detectando si el país es autosuficiente en la producción de un bien en particular; es decir, si produce la cantidad suficiente para satisfacer el consumo nacional de sus habitantes”, dijo Cruz.

Reportes de prensa señalan que por varias razones, Centroamérica se encuentra en una situación vulnerable: la región no cuenta con suficiente producción para satisfacer el consumo interno de cereales y leguminosas; falta casi la cuarta parte.

La gente no tiene acceso a los alimentos que le brinden los nutrientes para desarrollarse. Alrededor del 18.9 por ciento de toda su niñez viviendo en condiciones de desnutrición crónica, a tal grado que afecta su crecimiento normal. Y un 18 por ciento de las mujeres de 15 a 49 años de edad viven también con desnutrición.

El panorama no es alentador. Se espera una temporada lluviosa muy activa en el Mar Caribe y el Pacífico, según pronósticos de la Universidad Estatal de Colorado, emitido el pasado 2 de junio. Se esperan en promedio 18 ciclones tropicales en el Atlántico y 15 en el Pacífico.

Muchos campesinos y pequeños agricultores no tienen los medios para recuperarse de los estragos dejados en sus cosechas por las lluvias.

Cuando Rivas, allá en su cantón Izcanal, creyó que todo estaba perdido, le llegó un rayo de esperanza.

 

Con una pequeña ayuda

Él y el resto de su comunidad del cantón, al igual que otros agricultores de los departamentos de La Paz y La Libertad, fueron beneficiados con un programa impulsado por la FAO, que buscó asegurarle a estas personas al menos lo más básico para no pasar hambre.

El proyecto, iniciado en diciembre 2009, benefició a 3,136 familias de comunidades de los departamentos La Libertad y La Paz, en el centro del país. La idea fue restablecer los medios de vida de las familias que lo perdieron todo por las lluvias, a través de huertos caseros, módulos de gallinas ponedoras y entrega de semilla de frijol para nuevas siembras.

Para los huertos caseros, el programa otorgó a cada familia 25 libras de fertilizante, un azadón, una pala, un chuzo, semilla de rábano y de ejote (una variedad local de frijol), para sembrar un área de 50 metros cuadrados. Este componente fue coordinado con el gubernamental Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal (Centa), que proporcionó también semilla de frijol y pepino.

Se entregaron también a cada familia 10 gallinas ponedoras, un gallo, concentrado para tres meses y malla para la cerca. La dotación incluyó un botiquín veterinario con vacunas y vitaminas por cada 25 beneficiarios.

La mayoría de los beneficiados en el cantón Melara, La Libertad, son mujeres, y si bien ellas se han dedicado antes a la crianza de aves de corral, esta vez tuvieron que meterse de lleno, por vez primera, en labores agrícolas.

“Nunca lo había hecho, ni idea de cómo sembrar pepino, ni rábano, hasta ampollas me salieron en las manos de tanto trabajar la tierra”, dice Rosa Olivia Amaya, de 28 años.

Agregó que ahora que tienen huevos, gallinas, rábanos y pepinos, se ha ido la preocupación que los embargaba tras el huracán Ida: qué darles de comer a sus hijos. Las gallinas de su corral ya están produciendo huevos, unos tres al día, que vende a $0.45 o se los comen en el desayuno.

Pero los agricultores de Melara vieron cómo, meses después de las primeras cosechas, Agatha de nuevo azotó su comunidad. Echó a perder 50 metros cuadrados del sembradío de Pepino, aunque es una poquedad respecto de todo el proyecto. Pero igual, algo que había costado tanto, fue malogrado nuevamente por la fuerza de la naturaleza.

Arruinó también tres quintales de fertilizantes, de acuerdo al ingeniero agrónomo Luis Valladares, del Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal (Centa).

Será cosa de ir acostumbrándose a este ir y venir de climas alocados. De caer y volverse a levantar.

 

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