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Una visión de futuro para El Salvador

Una visión de futuro para El Salvador
Carlos Ayala Ramírez
Director de Radio Ysuca
 

El Informe sobre Desarrollo Humano, El Salvador 2010, es uno de los más recientes documentos con un enfoque crítico y propositivo en torno a los principales problemas del país. En él encontramos no sólo objetividad y realismo para acercarnos a la problemática coyuntural y estructural de nuestra sociedad, sino una visión de futuro más allá de los períodos electorales o de gestión de los gobiernos de turno. En más de una ocasión hemos sostenido que uno de los errores estratégicos de los políticos es pensar el país desde una perspectiva de inmediato y de corto plazo (en el mejor de los casos 5 años), descuidando un plan de nación y de acción incluyente, consensuado, y con posibilidades reales de desarrollo para las actuales y futuras generaciones.

Ahora bien, la visión de futuro que se persigue en el documento es que en 20 años El Salvador sea un país de alto desarrollo humano. Los objetivos de largo plazo que se buscarían con el nuevo modelo de desarrollo son: (1) asegurar trabajo decente para todas las personas en edad de trabajar y con voluntad de hacerlo; (2) alcanzar cobertura universal en los pilares básicos de la política social (educación, salud, empleo, vivienda, pensiones, discapacidad y redes de cuidados de familia e hijos); (3) corregir los desbalances macroeconómicos, (4) reactivar la economía y lograr un crecimiento robusto y sostenido. Se trata de construir lo que se ha dado en llamar un "círculo virtuoso” que permita aumentar sostenidamente los niveles de ahorro, inversión, competitividad, crecimiento y empleo.

El documento también contiene una serie de propuestas para hacer operativa la estrategia. Enunciamos al menos tres de ellas: creación de un "fondo pro bienestar familiar” (nueva forma de financiamiento del gasto social a largo plazo), el cual se alimentaría de las aportaciones de empleados y empleadores en cuentas de ahorro individuales con el fin de favorecer la economía familiar y el pleno desarrollo de sus miembros en las diferentes etapas de la vida; aumento de la inversión pública social (a corto y mediano plazo) en al menos 4% del Producto Interno Bruto, para permitir universalizar la educación media y la calidad de la misma; inversiones en infraestructura para la competitividad y cambios en los incentivos para atraer inversión extranjera directa. Se sugiere que los actuales incentivos fiscales deben reemplazarse por incentivos orientados al desarrollo de capacidades y competitividad.

Vincular el futuro del país al desarrollo de la gente no sólo es una necesidad, sino también un acto de justicia que ha venido siendo postergado o negado por los diferentes "modelos” de desarrollo implementados en el país. Ese vínculo implica un nuevo enfoque de las relaciones entre la política social y la política económica. Dicho en palabras del Informe, una nueva economía del desarrollo humano, cuyo objetivo sea el bienestar de la gente; porque hay una gran deuda con amplios sectores de la población que aún no tienen acceso a la salud, a los recursos suficientes para satisfacer sus necesidades básicas o acceso al mundo de los conocimientos.

Pasar de una concepción de desarrollo centrado en la acumulación de capital, a un modelo de desarrollo centrado en la gente, es ya un avance importante para ver la construcción del futuro desde otra perspectiva; queda por ver que tan en serio es tomada esa propuesta por los sectores del capital y por quienes toman las decisiones políticas. Con todo, es bueno volver a recordar la necesidad de no perder el horizonte más hondo que permite que los modelos den lo mejor de sí respondiendo a los desafíos que plantean las mayorías excluidas. Ignacio Ellacuría, hablaba de buscar otro rumbo histórico que nos aproxime a una civilización de la pobreza, donde ésta ya no sería la privación de lo necesario y fundamental para esas mayorías, sino "un estado universal de cosas en donde está garantizada la satisfacción de las necesidades fundamentales, la libertad de opciones personales y un ámbito de creatividad personal y comunitaria que permita la aparición de nuevas formas de vida y cultura, nuevas relaciones con la naturaleza, con los demás, consigo mismo y con Dios”. Esta visión de futuro va más allá de un nuevo concepto de desarrollo, apunta hacia una civilización nueva que enfrente y transforme los males de la civilización predominante (la del capitalismo deshumanizador). El desarrollo centrado en la gente es un punto de cambio importante para encarar los males presentes y para encaminarnos a esa nueva civilización que efectivamente posibilite un modo de vida humano para las generaciones presentes y futuras.

 

Para Jon Sobrino los valores afines a esa nueva civilización pueden describirse de la siguiente forma: "un espíritu de comunidad versus el individualismo, que fácilmente degenera en egoísmo; la celebración versus la diversión irresponsable, que degenera en alienación; la apertura, versus el etnocentrismo cruel, que degenera en desentendimiento del sufrimiento de los otros; la creatividad versus la imitación servil, que fácilmente degenera en pérdida de identidad; el compromiso versus la mera tolerancia, que degenera en indiferencia; la fe versus el burdo positivismo y pragmatismo, que degenera en sinsentido de la vida”. Como puede deducirse la visión de futuro sobre la sociedad y el ser humano no se reduce al tener (acceso a los bienes), tiene que ver también con la práctica de valores que han de animar la vida personal y social.
ADITAL 09.02.2011
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