Blogia
PRO-EDUCART, UN MÓN MÉS JUST, SOLIDARI I EQUITATIU ÉS POSSIBLE!!

Noticias

El paso fantasma de Manuel Zelaya

El depuesto presidente hondureño aterrizó en Comalapa la noche del domingo 20 de septiembre y sostuvo una larga reunión con dirigentes del FMLN en un salón oficial. Era su cumpleaños. Fue el último lugar en el que públicamente se le pudo localizar. La siguiente mañana apareció en la embajada de Brasil, en Tegucigalpa.

Carlos Dada, Daniel Valencia, Sergio Arauz y Carlos Martínez

Publicada el 23 de septiembre de 2009 - El Faro

A las 7:30 P.M. del domingo 20 de septiembre, un jet Falcon, con matrícula YV1495, propiedad de la petrolera estatal PDVSA, aterrizó en el aeropuerto de Comalapa proveniente de Managua. De su interior descendieron tres personas. Entre ellos un hombre alto, de bigote grueso y con sombrero blanco, de nombre Manuel Zelaya, que venía a reunirse con dirigentes del FMLN.

Las autoridades de CEPA le proporcionaron un salón oficial, en el que permaneció hasta casi las diez de la noche con sus anfitriones. No pasó controles migratorios. Y después desapareció. El avión que lo trajo partió a las 10 P.M. hacia Guatemala, y aterrizó en el aeropuerto internacional de La Aurora en la capital de ese país. Pero, al menos según los registros migratorios guatemaltecos,  Zelaya no ingresó. Los efemelenistas Sigfrido Reyes, Orestes Ortez, Nidia Díaz y José Luis Merino fueron los últimos que departieron con Zelaya antes de que se perdiera en una larga noche que culminó, misteriosamente, con su llegada a la embajada brasileña en Tegucigalpa.

Zelaya contó a manera de resumen ejecutivo su periplo, asegurando que viajó “casi 15 horas a través de las montañas, haciendo uso de diferentes transportes”. La versión de Zelaya es materialmente imposible, porque, al menos hasta las 10 P.M. del domingo, se encontraba aún en San Salvador. Diez horas después brindaba sus primeras declaraciones desde Tegucigalpa. Ahí también dijo que no podía dar “detalles ni nombres, para que no molesten a nadie”.

Ortez, uno de los efemelenistas que llegaron a encontrarlo en el aeropuerto, cuenta su versión: “Eran horas de la tarde cuando nos dijeron que venía el vicecanciller (de Venezuela), no se nos dijo que venía Zelaya. Nos comunicamos con el encargado de negocios de la Embajada de Venezuela, y hasta entonces supimos que venía el presidente Zelaya”. Según Ortez, se reunieron con Zelaya, su asistente y la canciller del gobierno depuesto, Patricia Rodas. “(Zelaya) nos dijo que no tenía previsto quedarse y que pasaba haciendo una escala técnica y que dado eso había decidido lanzarnos la invitación. Era su cumpleaños así que mandamos a traer pupusas”.

Zelaya, que esa misma noche iba a emprender un camino clandestino hasta la capital de un país donde es buscado como delincuente, y al cual se dirige para reclamar su presidencia constitucional, comió pupusas en el salón del aeropuerto. Pero según Ortez no les dijo nada sobre su retorno a Honduras. “Él tenía que mantenerlo en secreto. Quiero decirle a El Faro que nosotros no participamos en esa operación”, dice. “Él se fue, se fue en el avión. Salió. Todo estaba bien custodiado para no saber… Ahí estaba migración”.

Pero migración no tuvo contacto con el presidente Zelaya. Ni la de El Salvador ni la de Guatemala. “Nosotros no tenemos registro de que haya entrado por frontera aérea”, dice Rubén Alvarado, el director de Migración de El Salvador. “Toda persona que ingresa al país debe someterse a control migratorio. Entiendo que él estuvo en Comalapa, y nuestros delegados nos informaron que partió. Es decir, él estuvo en tránsito y a esas personas no las registramos. Si él salió (del aeropuerto) por otra vía nosotros no tenemos control de todo el aeropuerto. CEPA tiene control del resto”.

CEPA tampoco lo vio salir. El presidente de la autónoma, Guillermo López Suárez, es responsable de los salones utilizados para personalidades, los llamados salones VIP o salones oficiales en los que Zelaya se reunió con dirigentes del FMLN. “Se ubicó en el salón oficial. Apenas lo supe le llamé al presidente para informarle que estaban esas personas en el salón oficial y el presidente ya estaba informado. Ellos recibieron miembros del FMLN allá abajo y me llamaron que también iba prensa, que si podía habilitar un salón para prensa y dije que no, que mejor dieran las declaraciones ahí mismo en el salón de la entrada. Me preguntaron de Aviación Civil si era un vuelo oficial y les dije que no sabía si era un vuelo oficial. Desarrollaron todos los procedimientos como un vuelo normal”.

López Suárez, quien no estuvo en el aeropuerto ese día, recibió los pormenores de la visita vía telefónica. Dice que, según los representantes de CEPA en Comalapa, Zelaya no ingresó al territorio nacional.  “Del salón se regresaron al avión. No sé si todos, porque no tengo el listado de las personas que abordaron. Venían como cinco o seis personas”. ¿Partió Zelaya en ese avión? ¿Salió del aeropuerto de Comalapa, a la vista de todos, sin que nadie lo viera? “Sólo pudo haber salido del salón por la puerta principal”, dice López Suárez. “Pero ahí hay gente de cancillería y no lo hubiera dejado salir”.  

A partir de ahí, Zelaya se esfumó. Transeúntes y agentes aduanales aseguran haber visto una caravana de camionetas con sirenas hacia y desde el aeropuerto, pero nadie sabe quién iba adentro. Y nadie vio salir a ese hombre alto, de bigote grueso y con sombrero, cuyas fotos han dado la vuelta al mundo en los últimos tres meses, que difícilmente pasaría desapercibido. 

López Suárez dice que no cuenta con la lista de pasajeros y tripulantes, porque eso le corresponde a Aviación Civil. Pero el director de Aviación Civil, René Rodríguez, tampoco la tiene. Dice que le corresponde a CEPA. Rodríguez sólo conoce el número de personas a bordo del avión, pero los que se fueron. Eran nueve. No sabe cuántos venían. La solicitud de aterrizaje en Comalapa fue enviada vía fax desde Managua, y sólo incluía el nombre del piloto: Jaén Montilla. 

El avión, antes de salir de Comalapa, reportó a Aviación Civil que partía con rumbo a La Aurora, Guatemala, y que tenía combustible para volar seis horas. La prensa guatemalteca confirma que el avión aterrizó en la Aurora. El Faro intentó comunicarse con el director de Aviación Civil de ese país, pero su personal nos negó la entrevista. Migración de Guatemala asegura que ni Zelaya ni ningún ciudadano hondureño ingresó ese día a territorio guatemalteco entre las 10 de la noche y la medianoche del domingo 20.

Según sus registros, la última vez que Zelaya ingresó a territorio guatemalteco aún estaba al frente del Ejecutivo hondureño, fue el 1º de marzo de este año, anotado en la delegación de El Carmen, en Malacarán, región de San Marcos (frontera con México). La prensa de Guatemala reportó el martes 22 que el canciller Haroldo Rodas negó que Guatemala haya recibido a Zelaya antes de que éste ingresara a Honduras.

El diputado de ARENA, Donato Vaquerano, solicitará este jueves en la Asamblea salvadoreña la conformación de una comisión especial para investigar qué pasó después de la llegada de Zelaya a Comalapa. “Como no se han mostrado registros de ingresos y de salidas de este señor, que se reunió con el FMLN, queda la duda razonable de que haya salido del país por la vía terrestre. Y de que hayan ocupado recursos del Estado para esa salida, porque había vehículos y seguridad pagada por el Estado”.

El pasado martes, el presidente de facto en Honduras, Roberto Micheletti, reveló que los servicios de seguridad de su país detectaron que Zelaya llegó a Tegucigalpa en el carro de un “conocido” político de San Pedro Sula, y que investigaban aún por dónde había ingresado a territorio hondureño. La policía, según el periódico El Heraldo, investiga otra hipótesis: que un empresario guatemalteco le facilitó una aeronave para viajar desde El Salvador a algún punto ciego en Honduras.

Otros representantes del FMLN, que se reunieron con el presidente hondureño en el exilio, niegan rotundamente que Zelaya haya permanecido en El Salvador. Sigfrido Reyes, secretario de Comunicaciones del partido, dice: “Yo lo que le puedo decir es que vino en un avión y se fue en otro avión. Como partido saludamos y aplaudimos que se encuentre en Honduras para instalar el gobierno constitucional”. Sobre los rumores de que Zelaya pudo haber entrado a Honduras vía terrestre, desde El Salvador, Reyes exige también aclaraciones. “Debería de citar a esa gente con nombre y apellido porque esa información es muy delicada”.

Nidia Díaz, diputada del Parlamento Centroamericano y miembro de la dirigencia del FMLN, no lo vio subirse al avión, pero asegura también que Zelaya nunca les reveló sus planes. “Él nos dijo que iba para Nueva York. Nos estaba diciendo cómo iba la situación y que esperaba que los presidentes con los que se iba a reunir fuesen más contundentes para la presión para su retorno. Estaba cumpliendo años, le habían partido un pastel. Nadie sospechó que fuese a entrar. Nosotros ni siquiera podíamos saber. Yo no lo vi que se subiera, porque nosotros solo estuvimos en el salon VIP y el protocolo lo llevó al avión, el capitán, todo mundo”.

¿Para qué, entonces, se reunió con la dirigencia del FMLN justo antes de emprender el retorno a Honduras? Nidia Díaz explica: “Fue una visita de cortesía”.

Zelaya pasó por El Salvador camino a Honduras

El presidente Funes confirmó esta tarde que Manuel Zelaya hizo escala en el aeropuerto de Comalapa y se reunió con dirigentes del FMLN antes de partir rumbo a Honduras. Funes no aclaró cómo ingresó Honduras.

Daniel Valencia.  EL FARO

Publicada el 21 de septiembre de 2009 - El Faro

El depuesto presidente hondureño Manuel Zelaya pisó tierra salvadoreña antes de regresar a su país, este lunes por la tardeel presidente salvadoreño Mauricio Funes en una conferencia de prensa brindada horas ante de su partida hacia la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.

Funes, que aseguró existe la información de entrada y salida de Zelaya, no reveló la procedencia ni el tipo de vuelo en el que el presidente hondureño arribó al aeropuerto internacional de Comalapa de El Salvador.

El mandatario salvadoreño descartó además que el gobierno salvadoreño haya dado algún tipo de ayuda al depuesto Zelaya para que organizara el retorno sorpresivo a Honduras. Zelaya fue sacado de su país tras un golpe de Estado ejecutado por el alto mando militar el 18 de junio pasado.

Esta mañana Zelaya se comunicó vía telefónica con algunos medios de comunicación asegurando que se encontraba en Tegucigalpa, información que en un principio negó el gobierno de facto de Roberto Micheletti. Pero con el paso de las horas, los gobiernos de Venezuela y Estados Unidos confirmaron la presencia de Zelaya en Honduras, y el gobierno brasileño posteriormente reveló que el depuesto mandatario se encuentra hospedado en su sede diplomática en Tegucigalpa. Aún no se sabe cómo ingresó al territorio hondureño.

“(Él) no hizo ninguna solicitud formal por los canales formales para aterrizar en el país ni tampoco solicitó que se le diera un apoyo institucional a través de cancillería, o de CEPA (Comisión Ejecutiva Portuaria) mismo”, dijo Funes. “Me enteré de que venía porque toda nave que incursiona a espacio aéreo salvadoreño solicita autorización y tiene que informar quiénes son sus tripulantes y los acompañantes. Ahí nos enteramos de que venía el presidente Mel Zelaya”.

El presidente salvadoreño recibió la notificación el domingo 20 de parte del ministro de Defensa, David Munguía Payés; del presidente de CEPA, Guillermo López Suárez; y de su secretario privado, Francisco Cáceres -que estaba en el aeropuerto en el momento del arribo de Zelaya-. Aún no se ha informado sobre la hora de arribo y de partida del vuelo que presuntamente condujo a Zelaya de regreso a su país.

El presidente salvadoreño, sin embargo, informó que Zelaya tuvo tiempo para reunirse con dirigentes del partido de izquierda FMLN que este 28 de septiembre planea realizar en San Salvador un acto de apoyo para Zelaya.

“Es probable que Zelaya quería tener contacto con la dirigencia del FMLN para ver los pormenores de la reunión”, dijo Funes, que asegura el gobierno salvadoreño le prestó a Zelaya y a su canciller, Patricia Rodas, el salón diplomático del aeropuerto.

“No hubo ninguna solicitud más que la del permiso para aterrizar. Con qué propósito hizo escala acá para ir Honduras lo tendrá que explicar él. Si es cierto o no que lo recibió la embajada de Brasil en Honduras, también. Su estadía acá la tomo como visita de paso, escala técnica para ir a otro destino”, cerró Funes.

Al cierre de esta nota las aerolíneas habían cancelado temporalmente sus vuelos a Tegucigalpa, y el gobierno de Micheletti decretó un toque de queda entre las 16:00 y las 7:00 horas.

 

El Salvador sin muerte

EL FARO

Es difícil precisar desde cuándo los salvadoreños vivimos en el mundo al revés, desde hace cuánto tiempo se nos hace tan lejos -tan irreal- un solo día sin que el país se bañe en sangre, sin que alguien mate y sin que alguien sea asesinado. Convivimos a diario con la muerte.

Los números dicen que somos uno de los países más peligrosos del mundo y el más violento de un continente que tiene a su Colombia en guerra, a su México narco, a su Guatemala fallida, a su Honduras paria... 60 homicidios por cada 100 mil habitantes. En el mundo al revés las autoridades de seguridad celebran haber conseguido bajar 2 homicidios al día, de tal manera que el asesinato de10.65 salvadoreños al día es un éxito que anunciar a la prensa.

Si nuestra tasa de homicidios fuera contagiosa y flotara por el mundo como una nube de rabia, en Japón morirían en un año casi la misma cantidad de víctimas que fueron arrasadas en Nagasaki por la bomba atómica. En México todos los años morirían asesinados más de la mitad de espectadores que caben en el Estadio Azteca, mientras que en China en cuestión de ocho años sería asesinada una cantidad de personas equivalente a la población de El Salvador.

¿Cómo serían las cosas si todo fuera distinto?¿Y si viviéramos en un país donde nadie recordara con exactitud la fecha del último homicidio? ¿Y si al salir a la calle nadie temiera que la muerte le marcara los pasos y la gente ocupara los parques y conversara en las esquinas y caminara sin miedo? ¿Y si en El Salvador nadie matara a nadie? Lo raro, en el mundo al revés, es que ese país sí existe: mínimo, pero existe, dividido en ocho diminutas islas de territorio, pero existe; aunque para ubicarlos haya que acudir al ejercicio -quizá macabro- de buscar con lupa en el mapa nacional los espacios libres de homicidios.

En 2004 hubo 28 municipios en los que durante tres años no se registraba ni una sola muerte violenta y era notoria la existencia de dos grandes corredores en Morazán y Chalatenango libres de asesinatos. Sólo cuatro años después, para finales del año pasado, 20 de estos municipios habían caído. Ahora mismo existen, en todo El Salvador, sólo ocho espacios excepcionales y misteriosos que no han sido contagiados con la epidemia de la violencia. Estos ocho municipios representan apenas el 0.7% del territorio nacional y sólo el 0.4% de la población del país.

Tal vez si hubiéramos prestado atención a aquellos 20 municipios que han muerto, hubiéramos aprendido algo y tal vez aún viviera alguno de ellos. De mantenerse el ritmo con que esta especie está extinguiéndose, los ocho que quedan desaparecerían para mediados de 2011. En ese momento todo El Salvador sería un terreno yermo, pasto frecuente de la muerte... un cementerio.

El Faro visitó estos ocho pequeños pedazos de El Salvador y a sus habitantes para intentar responder una pregunta que no tendría ningún sentido si no viviéramos en el mundo al revés: ¿Por qué ellos no se matan? Quizá esta extensión mínima del territorio nacional esté gritando soluciones que hasta el momento no han sido escuchadas.

Municipio/Departamento  Extensión / Población (Partido que gobierna alcaldía)
Azacualpa/Chalatenango10.01 kms2 / 1 785 habitantes (Arena)
San José Las Flores /Chalatenango26.22 kms2 /  2,288 habitantes (FMLN)
San Isidro Labrador /Chalatenango28.22 kms2 /  625 habitantes (FMLN)
San Isidro/Morazán11.51 kms2 /   3, 563 habitantes  (PDC)
Sensembra/Morazán22.02 kms2 /   3 395 habitantes (Arena)
Yoloaiquín/Morazán13.51 kms2 /   3 998 habitantes (Arena)
California/Usulután24.41 kms2 /   2,639 habitantes (Arena)
San Juan Tepezontes
/La Paz
17.92 kms /   3,271 habitantes (Arena)

Municipio/Departamento  Extensión / Población (Partido que gobierna alcaldía)
Azacualpa/Chalatenango10.01 kms2 / 1 785 habitantes (Arena)
San José Las Flores /Chalatenango26.22 kms2 /  2,288 habitantes (FMLN)
San Isidro Labrador /Chalatenango28.22 kms2 /  625 habitantes (FMLN)
San Isidro/Morazán11.51 kms2 /   3, 563 habitantes  (PDC)
Sensembra/Morazán22.02 kms2 /   3 395 habitantes (Arena)
Yoloaiquín/Morazán13.51 kms2 /   3 998 habitantes (Arena)
California/Usulután24.41 kms2 /   2,639 habitantes (Arena)
San Juan Tepezontes
/La Paz
17.92 kms /   3,271 habitantes (Arena)

Total de extensión territorial: 153.82 kms2
Total de población: 21,564

Total de extensión territorial: 153.82 kms2
Total de población: 21,564

 

Policía capturado por asesinato de Christian Poveda

La PNC hizo efectivas cinco de nueve órdenes de captura por el asesinato del fotoperiodista ocurrido el 2 de septiembre. Entre los capturados está un agente policial, acusado de homicidio en grado de complicidad y conspiración, quien acusó a Christian Poveda ante la pandilla de ser informante de la policía.

Rodrigo Baires Quezada.  EL FARO

La Policía Nacional Civil (PNC) capturó este miércoles a cuatro personas sospechosas de participar en el asesinato del fotoperiodista Christan Poveda y, en las últimas horas, la Fiscalía General de la República (FGR) acusó a un quinto sospechoso que se encuentra recluido en el penal de Cojutepeque. Entre los detenidos está un agente policial, a quien se le acusa de homicidio en grado de complicidad y conspiración.

Esta madrugada, la PNC procedió a un operativo para hacer efectivas nueve órdenes de captura administrativas giradas por la unidad especializada antihomicidios de la FGR. La policía detuvo por el delito de homicidio agravado a Roberto Luis Romero Vásquez, alias “El Tiger”, y Calixto Rigoberto Escobar, alias “El Toro”.  “A ellos se suma José Alejandro Melara, alias “El Puma”, detenido días atrás por otro delito y ahora se le agrega el de homicidio”, dijo el comisionado Marco Tulio Lima, jefe de la División de Investigación Homicidios (Diho) de la PNC. Los tres son residentes, según la PNC, de los cantones El Rosario y San Laureano, de Tonacatepeque, y miembros de la pandilla 18.

Poveda, un fotoperiodista francoespañol que cubrió la guerra interna salvadoreña en los 80s, se había radicado desde hacía tres años en El Salvador, donde impulsó la excelencia del fotoperiodismo y donde puso especial atención al fenómeno de las maras. Un documental suyo, “La vida loca”, ha estado exhibiéndose los últimos meses en diversos países del mundo, y en él retrata a pandilleros de la mara 18 con quienes mantuvo relación durante meses para realizar su película.

La Policía informó este miércoles que la muerte a balazos de Poveda ocurrida el 2 de septiembre pasado, tuvo relación con el vínculo que la víctima había tenido con los pandilleros. El móvil del crimen, según los investigadores, fue que los mareros pensaban que Poveda había entregado a la Policía algo del material que había obtenido mientras trabajó “La vida loca”.

En ese punto entra la cuarta persona capturada, el agente policial Juan Napoleón Espinoza Pérez, de la subdelegación de Soyapango. Este fue capturado a las 9:30 de la mañana, acusado de informar a la pandilla que Poveda filtraba información a la PNC.  “Esta persona ha mantenido vínculos permanentes con pandilleros de la zona y ha estado, de alguna manera, intercambiando información con ellos”, dijo Marco Tulio Lima, jefe de la División Antihomicidios (Diho) de la Policía. “Él (Espinoza Pérez) no participa directamente en el homicidio pero es quien comenta a los pandilleros que la víctima habría revelado información interna de la mara a la policía, lo que es el detonante para su homicidio”.

Poveda fue asesinado de dos tiros en el rostro en un camino vecinal hacia el cantón El Rosario, entre Tonacatepeque y Soyapango, el miércoles pasado. La orden de asesinarlo, dicen las autoridades, la dio Nelson Lazo Rivera, alias “La Molleja”, interno del centro penal de Cojutepeque.

En las últimas horas, la FGR acusó formalmente a Lazo Rivera, a quien describen como un jefe  de la clica Shadow Park Locos Sureños, de la pandilla 18, encarcelado tras ser encontrado culpable por los delitos de asociaciones ilícitas, lesiones y violación agravada.

La venganza como móvil

“Mataron a un amigo, a una persona que les ayudaba… Simplemente por una sospecha, lo mataron. Ellos utilizan la palabra sospecha como una verdad”, dijo Óscar Torres, fiscal especial antihomicidios. Según la hipótesis policial, a inicios de agosto, el agente Espinoza Pérez aseguró a algunos miembros de la pandilla que Poveda colaboraba de forma activa con la PNC, entregando vídeos y fotografías que había tomado durante la filmación de su documental. Unos días después, la clica mantuvo una reunión de planificación en la que determinaron convocar al fotoperiodista el domingo 30 de agosto para exigirle explicaciones sobre su supuesta colaboración con la policía.

Howard Augusto Cotto, subdirector de Investigaciones de la PNC, dijo que esta reunión fue dirigida por José Alejandro Melara y que, siguiendo órdenes de Nelson Lazo Rivera, se determinó matar a Poveda y enterrar su cuerpo en una finca de la zona. “No sabemos por qué el señor Poveda no sé presentó ese día, pero presuponemos que esto sirvió de excusa a los pandilleros para creer que efectivamente estaba colaborando con las autoridades”, dijo Torres. Hasta el 29 de agosto, el documentalista francoespañol se encontraba aún en México impartiendo un taller de fotografía y vídeo documental.

Dos días después de aquella cita frustrada, Poveda accedió a reunirse con los pandilleros. Llegó a un templo católico del cantón El Rosario, en Tonacatepeque, donde supuestamente habría recogido a un grupo no determinado de ellos, y se dirigió a la zona donde fue asesinado. “Se bajaron de su vehículo, discutieron y le dispararon con un revólver calibre 38. No sabemos por qué no cumplieron con el resto de su plan de enterrarlo y darlo por desaparecido”, dijo el fiscal Torres.

La hipótesis se sostendría en la declaración de tres testigos -ninguno de ellos con criterio de oportunidad, dijo Torres- y con base en la prueba científica recabada en la zona. Según la investigación del Centro de Inteligencia Policial (CIP) y la Diho), Roberto Luis Romero Vásquez, alias “Toro”, fue quien disparó el revólver calibre 38. Falta determinar quién utilizó una pistola calibre nueve milímetros, de la que se encontró un proyectil en el lugar donde fue asesinado Poveda.

“Él tenía sólo dos impactos de bala en el rostro, ambos calibre 38, y no cuatro, como se dijo en un inicio. Las otras heridas eran laceraciones, lo que se conoce comúnmente como rozones de bala. No sabemos si estas fueron hechas con el mismo revólver o con esta pistola nueve milímetros. Estas son cosas que se están investigando y de las cuales no podernos dar más detalles”, explicó el fiscal.

La policía mantuvo control de la zona desde la tarde en que fue descubierto el cuerpo de Poveda, en el que incluyó investigadores de la División Especial contra el Crimen Organizado (Deco) en La Campanera, lugar donde fue filmado parte del documental “La vida loca”. Por el momento, según reconocieron la FGR y la PNC, todavía se busca hacer efectivas cuatro órdenes de captura administrativas relacionadas con el caso.

 

Homenaje “a uno de doce diarios”

Homenaje “a uno de doce diarios”

Este viernes, el fotoperiodista y documentalista Christian Poveda recibió un homenaje en el Museo Nacional de Antropología de San Salvador. Ahí, el cónsul de España en El Salvador, Jorge Mijangos, recordó que el homicidio de Poveda fue solo uno de los 12 ocurridos en este país centroamericanos el miércoles.

Jimena Aguilar / Fotos: Mauro Arias.  EL FARO

Alrededor de las 4 de la tarde de este viernes se podía oír la voz de Christian Poveda resonando en la plaza del Museo Nacional de Antropología, en San Salvador. Christian hablaba de cómo empezó en el mundo de la fotografía y le contaba a los presentes que el documentalismo le gustaba más porque él decidía qué hacer con su material. Se escuchaba su voz, que contaba sobre sus experiencias en la guerra y de cómo su foto de monseñor Romero recorrió el mundo dando a conocer dónde quedaba un pequeño país llamado El Salvador.

La plaza estaba llena de sillas, pero pocas personas había en ellas. Unos hombres preparaban el sistema de sonido sobre una tarima mientras otros colocaban una pancarta negra con la foto del autor del documental “La vida loca”. La voz de Christian se oía, pero él no estaba ahí. Lo que se oía era una grabación y en la pancarta que los hombres estaban  instalando se podía leer “Homenaje a Christian Poveda”.

Este homenaje fue organizado por la Secretaría de Cultura de la presidencia. Breny Cuenca, la secretaria de cultura, hizo referencia durante su discurso a la paradoja que ahora se da con la muerte de Poveda: hace un año, el hijo del presidente Mauricio Funes fue asesinado en Francia y ahora un francés fue asesinado en suelo salvadoreño. Al igual que quienes le precedieron, denunció el crimen y prometió que la Secretaría se unirá a los esfuerzos para trabajar por el esclarecimiento del crimen.

Pero antes de los discursos, pasaban los minutos y la plaza se iba llenando y se empezaban a ver caras de amigos, colegas, conocidos y gente que simplemente conocía el trabajo de Poveda, que se reunieron para rendirle homenaje.

Eran casi las 5 de la tarde cuando la voz de Christian calló. En su lugar comenzaron a sonar las voces de quienes lo homenajeaban. El dueño de la casa, el director del Museo, Gregorio Bello Suazo, abrió la ceremonia con palabras de denuncia a la violencia y repudio al crimen y evocó cuando hace unos meses en ese misma lugar Poveda presentó su documental sobre los pandilleros de la mara 18.

Entre los ex colegas de Poveda, Luis Galdámez, de la agencia Reuters, comentó brevemente un episodio ocurrido la noche del jueves, que le recordó precisamente al homenajeado. “Anoche fuimos a un allanamiento sobre un tema de los que Christian trabajaba. Mientras ustedes dormían en sus casas (…) parecía que la vida loca seguía”, dijo.

El cónsul de España, Jorge Mijangos, aunque hablando como compatriota de Poveda, dijo que El Salvador era quien perdía a un amigo, a un artista, a un fotoperiodista que abrió una ventana importante para que la sociedad se acercara al problema de las pandillas, pero sin  olvidar que la muerte de este amigo fue solo una de las tantas que suceden en este país. “Fue uno de doce diarios”, resumió.

Y sí, parecía que la vida seguía incluso alrededor de esa misma plaza, aunque en la plaza se recordaba a una vida ya apagada. Afuera, una señora gritaba sus yucas y chicharrones, en la calle pasaban los carros y un conga bus lleno de jóvenes que, ignorantes de lo que sucedía en la plaza, pasaron con un barullo sin darse cuenta de lo inapropiados que sus gritos resultaron en la plaza.

ESPECIAL CRISTIAN POVEDA

ESPECIAL CRISTIAN POVEDA

EL FARO.  Plática con Christian Poveda, fotoperiodista y videodocumentalista

“Denunciar algo y poder difundirlo es una forma de militancia”

Edu Ponces, Edith Portillo y Daniel Valencia / Fotos: Jacqueline Lazo

Christian Poveda ha cubierto más conflictos de los que se pueden contar con los dedos de las dos manos. Uno de ellos fue la guerra civil salvadoreña, durante la cual pasó días enteros con Monseñor Romero, convivió con las FPL en el monte y siguió a la Fuerza Aérea, con la venia del Coronel Domingo Monterrosa. El vínculo que creó en esos días, y cierta disconformidad con los vientos políticos que soplan en Francia, lo han llevado a cambiar París por San Salvador, por tiempo indefinido.

Tras pasar los últimos tres años dedicado a cubrir el fenómeno de las pandillas, viviendo en La Campanera, califica la violencia en el país como ejemplo universal de una política social desastrosa y augura casi medio siglo de violencia más para los salvadoreños.

Vos llegaste a El Salvador a cubrir la guerra…
La primera vez yo llegué en enero de 1980 y me quedé hasta dos días antes de la muerte de Romero. En esa época no había guerra aún, la guerrilla tenía una parte clandestina urbana y muy pocos estaban en el monte. Se toman el monte alrededor de octubre del 80. Entonces, yo volví clandestinamente en el 81 durante la primera ofensiva. Estuve en Chalatenango con las FPL casi un mes y medio.

¿Ya venías a cubrir para Paris Match?
No la primera vez, vine para Time Magazine.

A buscar notas de ambiente de pre guerra.
No sólo ambiente, había una represión tremenda, manifestaciones diarias…matanzas diarias. Cada mañana nosotros nos levantábamos y la primera cosa que hacíamos durante tres horas era dar vueltas viendo todos los muertos de la ciudad. Y había montones. O muertos asesinados por los famosos escuadrones de la muerte, por la policía o por la propia guerrilla que hacía “juicios populares”, como ellos los llamaban.

¿No viviste el asesinato de Romero?
Yo hice casi las últimas fotos de él vivo. Yo estuve con él dos días y me fui para Nueva York y dos días más tarde lo mataron. Ahí me enteré. Y no pude estar para el entierro. Pero durante tres meses aquí, todos los domingos el trabajo consistía en ir a la misa de Monseñor y si teníamos la oportunidad, seguirlo. Lo mataron un lunes y yo el viernes anterior estuve con él en un pueblito, no recuerdo exactamente dónde está pero es aquí por la zona de San Salvador, donde hizo una boda en común, había como 7 u 8 parejas que se casaban al mismo tiempo y él hizo la misa y los casó a todos. Pasamos casi todo el día con él.

¿Lograste entablar alguna relación más o menos cercana con él?
Íbamos en su carro, en su Land Rover. Con él no había problema, ibas a la iglesia donde estaba y recibía a la gente. Podías entrar y tomar fotos, hablabas directamente con él. Era un hombre muy abierto, permitía acceso permanente a la prensa.

¿Y cuando volvés en el 81, con las FPL, como hacés el contacto?
El contacto lo hago directamente en Francia. Yo estuve con Roberto Armijo que era el representante del FMLN ahí. Roberto fue el primer salvadoreño que yo conocí y con él preparé todo. Me contactó con él gente del Frente Sandinista, en París. Fue antes del primer viaje. Yo ya estaba buscando contactos, pensaba venir a El Salvador y quería establecer contactos con la guerrilla urbana y me contactaron aquí con gente de las FPL. Eso me permitió estar aquí en una casa clandestina tomando fotos y entrevistando a gente que estaba encapuchada y no le pude ver el rostro.

¿Era la primera vez que cubrías un conflicto?
No, no.

¿Dónde más habías estado?
Yo estado cubriendo varios conflictos. He estado en Irán, Iraq, Líbano, en el Sahara Occidental varias veces… No era la primera vez.

El Sahara fue tu primer reportaje de conflicto, ¿no?
Si. Eso fue lo mismo. París es una ciudad donde tienes un montón de organizaciones, en esa época, guerrilleras y de izquierda. Tienen representantes ahí. Con esa gente hacés contactos y a partir de ahí se organizan los viajes.

¿Cuál fue tu motivación para empezar en esto del fotoperiodismo? Venías de estudiar periodismo, de movimientos de izquierdas…
Yo tengo 52 años y el mayo del 68 me agarro con apenas 13. Pero fue algo muy fuerte en Francia, así que yo llegué a los 15 años en un momento en que los movimientos izquierdistas son muy fuertes, estábamos en plena guerra del Vietnam… Y, además, yo soy hijo de refugiados políticos de España, en esa época aún está Franco, entonces me involucré naturalmente en movimientos de izquierda y organizaciones estudiantiles.

Te venía por herencia, vamos…
Sí. Más que todo trabajaba bastante en una asociación de lucha contra la guerra de Vietnam. En esa asociación tuve acceso a un montón de fotos de la guerra de Vietnam. Fotos de Larry Burrows, Don McCullin, esa gente. Ahí me entró la pasión. Viendo todas esas fotos ahí, me di cuenta que, realmente, a través de la foto hay una forma de denunciar. Decidí hacerlo mi profesión, y así fue.

¿Cuántos conflictos?
No sé… El Salvador, Guatemala, todo el problema de la contra en Nicaragua, Chile, Perú, Bolivia, Argentina, en África he estado en el Sahara Occidental, Sierra Leona, en el Líbano estuve bastante, la guerra Irán-Iraq, en Filipinas, Camboya… un montón. Jajaja.

¿Y nunca te costó no involucrarte con esos movimientos? ¿Cómo es la distancia que vos tomas como fotógrafo o video documentalista ante lo que cubrís?
A partir del momento que yo decidí hacer de esto mi profesión, eso no me hace olvidar mis pensamientos políticos, pero denunciar a través de mi profesión es una forma de militancia, me entiendes. No necesito involucrarme en los hechos, solamente denunciar algo y poder difundirlo y que la gente tenga acceso a esa información es una forma de militancia. Mi punto de vista como fotoperiodista y como documentalista es siempre denunciar algo. Agarrar un tema que tenga unas raíces sociales bastante fuertes y ver cuáles son realmente las causas. Revelar algo. Siempre con la idea de llevar a la gente a la reflexión.

¿Cómo escogés tus temas, como por ejemplo lo que estás trabajando ahora de las pandillas?
Las pandillas, para mí, es una prolongación de lo que hice en los 80 durante la guerra. El Salvador ha sido el país donde yo me involucré más, donde he guardado contactos y donde he estado pendiente siempre de lo que estaba pasando. Y el problema de las pandillas me pareció bien significante de lo que puede ser una política desastrosa a nivel social. Y, como europeo, me interesaba porque allá hay muchos problemas ahora con la inmigración. Muchos partidos de extrema derecha han crecido y han conseguido su fuerza a través de discursos contra la migración, algo que ha surgido, y eso es un hecho verdadero, porque la mayoría de delincuencia que tenemos en Europa viene de la inmigración. En Francia, el 80 por ciento de los delincuentes son inmigrantes o hijos de inmigrantes.

Y ¿Por qué? Es interesante saber porqué. Es bien simple. Una mala política de inmigración de los inmigrantes que trajimos en los 60 y 70 para que trabajaran de forma barata. No se ha hecho nada para integrar, no se ha hecho nada para darles una educación especial, mucha gente que llegaba eran analfabetos. Y hoy las consecuencias es que se han formado guetos, se han apartado. Y los hijos no tienen ganas de vivir la misma vida que los padres y se van a lo más fácil. La venta de drogas y esas cosas.

¿Pero cuál es la relación de eso con El Salvador?
Pues allá no hemos llegado al nivel de violencia que existe aquí, estamos muy lejos de eso, pero la violencia está incrementando bastante. Hace dos o tres años habían pocos homicidios pero ya, por ejemplo en el barrio donde yo crecí en París, un barrio popular con mucha inmigración, hoy día están empezando a aparecer muertos.

La relación que hago es tomar el tema de las maras aquí como un tema universal. Vamos a lo peor que puede existir, lo peor que se puede hacer en política social para terminar generando este tipo de cosas, y tomarlo como un ejemplo universal para que nosotros, por lo menos en Europa, podamos ver las consecuencias de un fenómeno así. Porque si no lo frenamos, dentro de 10 o 15 años podrá pasar exactamente lo mismo que está pasando aquí. Ahora ya van tres años que estoy trabajando con ellos.

¿Lo has trabajado regionalmente, o solo acá?
No, acá. Acá es suficiente.

Ja, ja, ja.
Como ejemplo universal es suficiente. Ir a Guatemala o a Honduras sería repetir lo que estoy haciendo acá, no tendría sentido

¿A qué te referís con lo peor que se puede hacer en política social?
Yo estoy muy consciente de que la represión no sirve para nada. Este país escogió la manera fuerte, la manera represiva de resolver el problema. Es claro que no se puede dejar a la gente delinquir en la calle, no se puede dejar a la gente matar y robar. Se tiene que aplicar la ley. El problema es que paralelamente a eso no hay ninguna política para resolver el problema. Hoy se considera que hay unos 13 mil pandilleros en el país juntando las dos maras. Esta gente, al 80 por ciento, es una generación quemada. Muy pocos se van a rehabilitar. La mayoría van a morir o van a terminar en las cárceles. El problema es que no se ha hecho ningún trabajo hacia los hijos de esta gente, o los niños que viven en estas zonas marginales y se están integrando a estas pandillas de forma muy regular. En vez de resolver el problema con una sola generación, considerando que eso son veinte años, este país va para dos generaciones, quizás tres si no cambian de política. Estamos hablando de cuarenta años. Pueden hacer todas las cárceles que quieran, no van a resolver el problema metiendo a la gente en la cárcel. Los asesinos y los ladrones tienen que ir a la cárcel, pero hay que pensar dentro de diez años. Y yo veo que en este país no se piensa, funcionan solo en el día a día.

Este gobierno actúa a través de la comunicación, Saca es muy fuerte en eso. Visita los medios sin parar, la radio, la televisión, los diarios. De esta forma quieren demostrar que están cumpliendo pero la realidad es distinta. Yo he estado un año y medio, a diario, en zonas marginales con pandilleros y con gente que no lo es, porque en las marginales no todos son pandilleros. En La Campanera (Soyapango) donde yo he estado trabajando son 50 pandilleros para 8 mil personas que viven ahí. Esa gente no ve absolutamente ningún cambio. Ve la policía, mucha policía, mucha actuación, pero las pandillas se adaptan muy rápidamente a las situaciones. La policía puede actuar en una zona y ser muy eficaz arrestando y poniendo en la cárcel a varios, pero rápidamente la pandilla se adapta a eso, y van a llegar nuevos, y las rentas van a seguir igual.

En La Campanera yo he visto pasar de 60 a 20 pandilleros y, en dos meses, los 60 ya estaban de nuevo y todas las actividades ya estaban de nuevo. De repente vuelve la policía, baja de nuevo porque ellos se van o los encarcelan… Es como cuando pateas un hormiguero, las hormigas se van, pero rápidamente lo van a reconstruir. Las pandillas tienen esta potencia. Porque son muy numerosos, y están súper bien organizados. Yo no le veo ninguna eficacia a la política que se está llevando en este país. Yo lo lamento por los salvadoreños pero se van para muchísimos años con una problemática de violencia terrible. Terrible para la gente que vive en esas zonas, terrible para la economía del país… y es terrible para esa propia juventud. Hay que entender por qué un niño de 12 o 13 años llega a involucrarse a una pandilla para darle su vida, porque estamos hablando de eso. Y no es solamente por el trabajo que hacen las pandillas de reclutamiento, como estamos leyendo últimamente en los medios. Yo lo he visto con mis propios ojos. Vienen solos. Las pandillas no necesitan ir a buscarlos. Los niños les vienen solos. Niños que están con problemas de familia terribles o de familias pobres que no tienen tiempo de ocuparse de sus hijos. Y como tampoco hay ninguna política familiar en el país, gente que esta trabajando duro se encuentra con 6, 7 hijos. Si vos ganas 100 dólares mensuales, ¿Cómo te vas a poder ocupar de tus hijos y darles educación?

Vos que estuviste en la guerra, ¿qué tanto crees que el problema de la violencia tiene origen en el conflicto?
Totalmente. Doce años de guerra en un país tan pequeño y con un potencial económico tan bajo como El Salvador, tiene que tener repercusiones socioeconómicas fuertes. Ha muerto mucha gente, mucha gente se ha ido. Se ha perdido un potencial de construcción del país para darle un nivel económico y social más alto. Una guerra te destroza un país más que te lo construye. Hoy, la situación económica en la que se encuentra esta gente de donde surgen las pandillas, es consecuencia de la guerra. De la guerra y de las malas políticas que hubo antes y que llevaron a la guerra.

Pero yo me refería a una cultura de la violencia. A normalizar la violencia.
¡Claro! Aquí la muerte es un espectáculo. Yo en los 80 cuando cubría muertos en la calle tenías alrededor a gente mirando, esperando a que vengan a tomar fotos. Si yo te muestro fotos que yo tomé en los años 80, la gente está posando. ¡Está el muerto y están posando! Y hoy es lo mismo. Hoy hay un muerto y ves a la gente que van con los niños. Eso viene también de 12 años de guerra y de muchísimos muertos. Y asesinados de forma muy violenta. Porque los muertos que dejaban los escuadrones de la muerte no eran muertos sólo de un balazo en la cabeza. Había torturas y eso era visible en los cadáveres que veías en la calle.

Luego del año que estuviste con las FPL, ¿volviste al país a cubrir la guerra o ya no?
Viví en el 84 en el país, cubriendo la guerra desde las dos partes. Con el ejército en la época del coronel Monterrosa, que era un coronel que se abría mucho a la prensa. Me dio acceso a la Fuerza Aérea, trabajé mucho tiempo con ellos; y al mismo tiempo, tuve mis conectes con la guerrilla. Entonces de vez en cuando me iba al monte y ahí pasaba un tiempo tomando fotos. En ese momento tú conocías la zona y sabías dónde estaban los unos y los otros. Agarrabas un carro, te ibas, y de repente te topabas con un retén de la guerrilla… los accesos a la guerrilla y al ejército estaban muy abiertos. Había una facilidad de trabajo para nosotros increíble. Podáis trabajar con todo mundo de una manera muy fácil.

¿Te jugaste la vida en algún enfrentamiento?
Cuando andas en zona de combate siempre estás en riesgo. Estuve en emboscadas, me han caído emboscadas. En el 84 era el segundo fotógrafo de Newsweek, porque aquí vivía John Hoagland, que era el corresponsal aquí. Estaba la campaña electoral del 84 y yo venía en apoyo. John murió de un balazo. Aquí han muerto muchos fotógrafos, periodistas, camarógrafos salvadoreños y extranjeros. Era una guerra peligrosa y era peligrosa por el acceso que te daban. Te dejaba ir hasta en primera línea. Yo me encontraba en combates en primera línea. Te lo permitía la guerrilla y el ejército. Hay muchos países que no te dejan, no toman el riesgo de llevar periodistas al combate. Tú puedes llegar después de un combate, media hora, y ahí quedan muchos rastros, muchas fotos que hacer. Pero estar en el mero combate hay pocos países que te lo permiten. En El Salvador podíamos hacer cualquier cosa. John Hoagland murió porque estaba con el ejército y podía pasarse con la guerrilla. Y en mero combate fue un error gravísimo, más para alguien que tenía esa experiencia en combate. Se encontró en medio de un fuego cruzado y así murió.

Vos conociste a esta “generación El Salvador”, que luego se ha convertido en un mito.
Soy parte de eso. Hicimos el libro común que se llama El Salvador, el trabajo de 30 fotógrafos. Hicimos ese libro y exposiciones a través de todo Estados Unidos Y varios países de Europa.

¿Antes de venir a El Salvador,  ya eran conocidos?
Susan Meiselas venía de Nicaragua. John Hoagland, James Nachtwey no era conocido en la época. Muchos empezamos aquí. Como hubo una generación Vietnam, una generación Líbano, después hubo la generación El Salvador  y después hubo la generación Bosnia… y como ahora está la generación Iraq. Son generaciones de fotógrafos que surgen con estos eventos y después quedan en la profesión y siguen en otros eventos.

¿Cómo vivían aquí?
Había muchos que venían como independientes y trabajaban compartiendo casa, información, carro porque no había mucho dinero.

¿Dependiendo si…?
Freelancear. Yo, por ejemplo, vine freelance y agarré a Time Magazine con mis primeras fotos. Tenía como representación una agencia en Nueva York, le mandé las fotos y así agarré Times. Sale trabajo. Recordá que en esa época las agencias de foto eran muy importantes. Tenías Gamma, Sigma... Estas agencias le daban una cobertura mundial a todo lo que podía pasar y una distribución mundial a todos los reportajes de fotos.  En esa época buscaban el financiamiento de los reportajes o si no lo buscaban financiaban ellas mismas los reportajes.

Porque sabían que iban a vender.
Bueno, a veces no recuperaban el dinero. Era un sistema de coproducción. Compartíamos los gastos de nuestro trabajo con la agencia. Es decir, la agencia pagaba el cincuenta por cien de los gastos, el fotógrafo el otro cincuenta y las ventas  se compartían cincuenta-cincuenta. Generalmente la agencia adelantaba el dinero. Hoy en día la agencia es algo diferente. Se llaman agencias pero ya les quitaría el nombre. Ahora solo hacen distribución de un trabajo ya cumplido, ya hecho. Los fotógrafos buscan ellos mismos su propio financiamiento; y ya cuando lo tienen realizan ellos sus propias ventas. Y después los dan en distribución a agencias. Es más arriesgado para el fotógrafo. Ya estas agencias no toman ningún riesgo de nada. Gastan sólo en una estructura de distribución y los distribuyen bien, hacen buenas ventas, pero ya no participan en la elaboración de un reportaje. Estoy hablando de grandes agencias. Pero hay un montón de agencias que han surgido en Europa, que son colectivos, que funcionan con la idea de desarrollar proyectos comunes a varios fotógrafos y buscar financiamiento que sale fuera del mundo de la prensa. Fundaciones, premios, libros, exposiciones…. Esa es la gran diferencia con mi generación. Antes, lo que ganábamos venía directamente de la prensa. Hoy la prensa no te da nada o casi nada.

¿Te da para vivir este trabajo?
Sí, cumplo treinta años, este año, en que…

Comes de esto.
Sí, jajaja. Pero también hago documentales. Digamos que la economía de un documental es totalmente diferente al de un reportaje fotográfico. En el documental trabajas ya con presupuestos establecidos. Ahí ya entra tu salario. Cuando haces un documental firmas un contrato con una productora y esta a su vez lo firma con una televisora. Todo está definido. Entonces, cuando hago un documental ya sé adónde voy, cuando hago fotos no sé adónde voy jajaja.

¿El documental de las maras en La Campanera es tuyo?
Es mío. Yo hice el proyecto, lo redacté. Una televisora casi nunca trabaja con independientes. Y yo he colocado el documental a través de una productora que es mía, en donde tengo varios socios franceses, mexicanos. En la compañía hay varios directores de documentales, los que hacemos cine y tenemos dos de los socios que hacen únicamente producción.

Vos decís que los mareros sí buscan rehabilitarse. Cuando uno habla con organizaciones e instituciones acerca de esto señalan que es difícil para los mareros rehabilitarse, que la misma pandilla no los deja.
Es totalmente falso porque parte de mi película ha sido filmar un taller de rehabilitación en La Campanera. Se montó un taller de panadería y este taller se montó con la colaboración total de la pandilla 18. Pero hay otros talleres en otros barrios con la MS y es igual. Hay ONG que montan talleres. La problemática del taller no es tanto que la pandilla no quiera talleres. Creo que las dos pandillas están de acuerdo con eso. Pero, por ejemplo, el taller de La Campanera, cincuenta por ciento falló por culpa de los propios pandilleros y el otro cincuenta por ciento se lo pongo a la policía. Hubo un desgaste. El comisionado de Soyapango no quiso reconocer la existencia de ese taller. Entonces estábamos en un estado de agrupación ilícita.

Asociación ilícita para hacer pan.
Y pan dulce. Al principio se vendían hasta 80 dólares diarios. Era muy bueno. El problema es que para hacer pan se necesita harina... es decir, ir a comprarla. Necesitas vender. Y el gran problema era la venta. Cuando ellos salían a vender el pan los agarraba la policía. El pan iba al suelo, el dinero a saber adónde y el panadero a bartolinas. Fue un desgaste. Rápidamente de 15 que teníamos al principio, bajamos a siete en menos de tres semanas. Y los otros se cansaron.

¿Cuánto tiempo duró?
Seis meses, de marzo a julio.

¿Por qué en La Campanera y no en otro lado?
Yo he hecho la propuesta del documental a las dos pandillas al mismo tiempo. Las dos pandillas tuvieron mi proyecto en la mano al mismo tiempo. La MS por razones internas no quiso colaborar y la 18 sí. Mi proyecto era pasar un año en una zona en donde está viviendo una clica de la pandilla y estar filmando a diario la vida de ellos sin ningún problema. Pero estamos siempre en el mismo lugar. Entonces resultó que iba a ser con la 18 y propusieron La Campanera. No era mi elección pero el lugar no me importaba, me importaba tener bastante gente de una clica para poder trabajar con ellos.

Has planteado un perfil socioeconómico del pandillero… ¿cuál es el perfil psicológico?
Son personas totalmente marginadas de la sociedad. Que viven con unas reglas muy estrictas. No hay realmente… definir un perfil psicológico para 10 mil personas es difícil. Dentro de la pandilla tienes diferentes temperamentos, a gentes  que son bien diferentes. Todos vienen de la misma problemática. Yo he hecho 190 entrevistas de pandilleros de las dos pandillas en las que cada uno me ha contado su vida y sale un promedio de 75 por cien que son niños abandonados. Madres solteras o abandonados con la abuela o con los tíos. De padres que se van para Estados Unidos; madres que se casan de nuevo pero que dejan a los niños del anterior matrimonio con la abuela. O niños totalmente abandonados. Dos de mi película son niños que nunca conocieron a sus padres. Cuando haces encuestas sociológicas éstas se basan normalmente sobre 80 testimonios. En este caso, he hecho 190 y…

¿Un café?
Sí, por supuesto. Digamos. El resultado es bien revelador ¿no? Todo esto viene de una miseria social, terrible. Y que tiene consecuencias sobre toda la sociedad. Es decir, gente que se siente totalmente rechazada, y que están puestos al margen de la sociedad. Ellos mismos por la forma de actuar y el no respeto de las leyes y todo. Pero aun así, digamos, hoy no encuentran una mano amiga, vamos a decir así para utilizar términos locales. Y las únicas manos admitidas por todo el mundo, o por las pandillas o por la policía, son las iglesias. Y si hoy la pandilla permite a un pandillero salirse sin tener ningún problema con la pandilla, únicamente a través de la iglesia.

¿Esa es la única?
Yo es la única que conozco, hasta ahora. Supongo que habrá otras, pero muy pocas. En el caso de La Campanera, de la gente que está filmada, tres, este año, se han ido para una iglesia. Pero yo diría que es una comida de coco por otra. Que no es una solución. Quiere decir que la solución de resolver el problema de las pandillas la religión no la hace. No creo que sea algo exitoso a la larga. El caso de un chico que yo estuve haciéndole su retrato hace dos días, apenas hace dos días. El mismo chico que me hablaba de su propia pandilla sin parar, apenas hace dos meses, ahora me habla de Dios, de la Biblia, de no sé qué. Entonces, como decía, es una comida de coco por otra.  Pero por lo menos, es una forma de salirse aceptada por todo el mundo y ya es algo por lo menos, pero son muy pocos.

¿Tenés intenciones de quedarte en el país?
Quedarme aquí en el país.

¿Más allá del documental?
Sí.

¿Por?
Ya decidí. No habría razones. Bueno. Primero porque me gusta mi país… este país…

Jajajaja
Jajaja. Me gusta este país. Tengo una compañera salvadoreña y aquí digamos que estoy en una zona en donde antes, para yo… nunca he trabajado en Francia. Cuando estaba en Francia estaba  pensando lo que iba a hacer de reportaje o preparando un reportaje o llegando de un reportaje, pero nunca he estado trabajando realmente. Me iba a trabajar fuera, tomaba un avión y todo. Hoy ya no estoy en el lugar de donde yo he trabajado toda mi vida, entonces me siento mucho más productivo. Por ejemplo no he terminado la filmación del documental, pero ya estoy haciendo fotos, ya hice un reportaje. Ya tengo varios proyectos de documentales. No solamente aquí en El Salvador, el próximo documental que quiero hacer no es aquí en El Salvador, es en Guatemala. Pero trabajar en toda la región me atrae mucho. Me siento bien acá y la nueva política francesa no me gusta mucho, entonces mejor… ja, ja, ja, a ver aquí lo que pasa.

Y bueno, también tengo proyectos a nivel de fotografía. Estoy colaborando bastante con Edgar Romero, del Photo Café, en la exposición esta que están organizando allí. Estoy dando charlas a fotógrafos. Me gusta también la idea de compartir mi experiencia y entonces estoy pensando en montar quizás no una escuela, pero como un taller de fotoperiodismo.

¿Y vos creés que hay muchas deficiencias aquí en el fotoperiodismo?
¿Aquí? ¡Enormes! Ja, ja, ja, aquí es una catástrofe, ja, ja, ja. Aquí hay potencial, yo ahora estoy editando para la exposición de ES photo, que es una exposición que cubre un año de fotoperiodismo en El Salvador, fotos hechas por salvadoreños o fotógrafos extranjeros que viven aquí en el país. Hay de todo aquí. Hay buenos fotógrafos, pero también hay otros que son una catástrofe. Uno de los problemas de los fotógrafos en este país es que no conocen nada de fotoperiodismo a nivel internacional. Tú les hablas de fotógrafos mundialmente conocidos, como Eugene Smith o Don Mc Cullin, ese tipo de fotógrafos que son de lo mejor que hay y no los conocen, ni saben quiénes son. Quizás han visto fotos famosas algún día pero son incapaces de ponerle un nombre. Aquí los fotógrafos no se instruyen sobre lo que existe, no van así como alguien que escribe puede leer libros, y uno leyendo libros también aprende.

Yo, como aquí no llega ninguna de toda esa información, cuando llegué aquí una de las primeras cosas que he hecho es apuntarme en un montón de newsletters relacionadas con la fotografía, recibo a diario montón de información de exposiciones, libros, reportajes, premios, llamamientos para premios y concursos. Les he hecho la propuesta a varios fotógrafos y les mando copia de lo que recibo, ya van como unos 30 más o menos que están recibiendo a diario ese material. Edu (Ponces) es parte de ellos. Hay suficiente información para que cada uno agarre lo que le interesa, hay algunos que los guardan, hay algunos que ni los leen, ja, ja, ja, pero poco a poco me he dado cuenta de que se está mostrando un interés.

Estoy con una idea de un proyecto que ya lo escribí y lo voy a presentar estos días a todos los fotógrafos salvadoreños, con la idea de mostrar a El Salvador de otra forma, a lo largo de un trabajo de uno o dos años ir a trabajar sobre la familia, el hogar, la marginalización que existe en el país, a largo plazo, así un poco como se hizo en los Estados Unidos en los años 30, después de la depresión, “The Farm Security Administration”. De ahí surgieron un montón de fotógrafos que han sido mundialmente conocidos. 

Ahora, este tipo de trabajo es un trabajo que han cumplido después muchos otros fotógrafos, que se han hecho en la agencia Magnum y todo, que entendió que se puede lograr una verdadera imagen de un país solamente a largo plazo, con el tiempo. Por ejemplo, yo, en lo que hago con mi trabajo documental. Por eso decidí pasar un año en La Campanera. No es lo mismo pasar un año en La Campanera que pasar una semana. Lo que he logrado nunca lo hubiera logrado en una semana. Dos de mis protagonistas murieron durante la filmación, puedes imaginar entonces que hay gente que la tengo viva y la tengo muerta. Solamente el tiempo me ha permitido eso.

¿Y ES Photo?
Para ES Photo hemos pedido que cada uno mande tres fotos y de las tres fotos se le elige una. Hasta ahora me he topado como más de 20 fotógrafos a los que le he rechazado las fotos que me han presentado. Hay un fotógrafo que presentó las tres fotos, las rechazamos, hablamos con él, el tipo se fue, luego me presentó seis fotos, y de esas hay tres que me fue difícil escoger cuál. Pero tuvimos que rechazarlo para que dijera “no, yo quiero estar ahí”. Otro fotógrafo - no voy a decir nombres, ja, ja, ja - lo rechazamos tres veces y al final me encontré de casualidad con él y le dije “mira, vamos a tu casa y muéstrame tu material”. Salí con siete fotos que pueden estar, el problema es que no puede editar su propio material, escoge la mala foto. Y ahí las tengo pendientes porque no sé cuál voy a elegir, pero ya le dije que es seguro que va a estar.

A ver, hay una anécdota que nos han contado: que vos llegaste a este país con las cámaras de Sebastiao Salgado. ¿Es cierto eso?
Es verdad.

¿Y eso cómo fue?
Se las compré. Sebastiao es un amigo, y entonces él como se fue de la agencia Gamma para entrar a Mágnum le dieron un contrato con Leica, y entonces él en esa época tenía con Nikon, entonces las vendía. Yo lo conocía y necesitaba cámaras y le compré, no hay nada más extraordinario. Lo bueno es que él teniendo un contrato con Nikon y siendo Sebastiao Salgado tenía… te fabrican unos lentes, ninguno es idéntico, entonces él tenía la posibilidad de elegir el mejor lente de todos. Hay unas miras que el micrón se proyecta a través del lente, en unas escalas que van del micrón – micrón es un milésimo de milímetro – a una pantalla y según lo que ves entonces ves qué lente es mejor que el otro. Entonces todos los lentes que él me dejó eran de esos, eran perfectos.

¿Y todavía las guardás?
No, las vendí todas cuando yo pasé a Leica.

Ja, ja, ja, ja.
Pasé a Leica también y entonces vendí todas mis cámaras.

¿Y en cuánto las compraste?
Mirá, fue en el 78, ni me acuerdo, pero fue un precio razonable.

¿Y las vendiste? ¿No las vendiste con “plus”?
Noo, solamente las cámaras Leica podés vender al mismo precio 20 años después de que la compraste. Pero una Nikon, una Canon, aunque sea muy buena y de Sebastiao Salgado no.

¿Y lo de Isabel Muñoz cómo fue?

Bueno, pero para eso (Christian saca un ejemplar de la revista Le Monde 2 en el que sale publicado un material suyo sobre retratos de pandilleros)… bueno, yo llegué aquí en julio de 2004 para trabajar solamente en retratos de pandilleros. Entonces decidí, como ya existía un montón de fotos de pandilleros, ya varios fotógrafos del mundo entero habían venido acá, quería trabajar la problemática fotográficamente de otra manera. Entonces decidí hacerlo por retratos y montar en diferentes penales de El Salvador, con las dos pandillas, un estudio en cada penal, donde yo hago un estudio con un fondo, donde estamos claramente haciendo un retrato y nada más, y así hice 190 retratos. Por cada retrato hice una entrevista completa de cada uno, donde cada uno me contó su vida familiar y dentro de la pandilla. A raíz de eso yo volví a Francia y tuve una exposición bastante importante en la bienal de Cantón, en China, en enero de 2005 tuve otra exposición en Bellas Artes, en México, y la agencia Corbis, que es una agencia, es la más importante en el mundo…

… la de Bill Gates.

La que pertenece a Bill Gates. Yo firmé un contrato con ellos de distribución y distribuyeron el material a nivel mundial. Fue presentado en todas las redacciones del mundo entero apenas en diciembre de 2004. Entre estas redacciones se presentó al País Semanal, en España, y después tuve esta publicación en “Le Monde 2”, que es el semanario del diario “Le Monde”, que es uno de los diarios más exitosos en el mundo, y sacó este portafolio de diez páginas donde están solamente mis retratos. Ahora, El País Semanal no compró mi reportaje, y lo compró la revista Playboy de España, que lo publicó en diez páginas también. Lo publicó en 2006, justo como seis meses antes de la publicación de las fotos de Isabel Muñoz en El País Semanal. El caso de Isabel Muñoz, es una fotógrafa española especializada en retratos que trabaja sobre la expresión del cuerpo en todas sus formas. Llegó aquí al país a principios de 2006 e hizo exactamente lo mismo que yo había hecho dos años antes en los penales. Hasta estuvo fotografiando a la misma gente y con los mismos enfoques, los mismos encuadres, la misma idea. ¡Exactamente la misma idea!

Yo estoy denunciando un plagio de mi trabajo porque es evidente. La forma en que se difundieron mis fotos era imposible para ella no conocerlas, más que todo porque estamos en la misma agencia los dos, l’Agence VU, y que al director artístico de esa agencia yo le presenté este material en septiembre de 2004, en Perpignan, en Visa Pour l’Image, él vio todas mis fotos y se quedó así con las ganas porque no le di a él la distribución, sino que a Corbis. Él conocía perfectamente este trabajo, se llama Christian Caujolle, es uno de los mejores amigos de Isabel Muñoz, es su director artístico y es su agente. Es el que vende sus fotos y el que organiza sus exposiciones en el mundo entero y el que hace el prefacio de casi todos sus libros. Yo no creo que Isabel se vaya a cualquier lugar a hacer fotos sin consultárselo. Para mí él es uno de los más grandes críticos fotógrafos que existen en el mundo, que realmente tiene un ojo y sabe de lo que habla cuando habla de fotografía. Cuando ella va a El Salvador, para el País Semanal, el director artístico de El País Semanal también había visto mis fotos porque Corbis distribuyó mi material, yo sé que la presentaron, entonces ese material era conocido en España. Cuando ella viene aquí no hay duda de que ella conocía mi trabajo, o por lo menos, si ella no, la gente alrededor de ella sí sabe.

Entonces están obviamente plagiando mi trabajo. Y mi trabajo no tiene nada de especial en sí técnicamente. Es una técnica que fue utilizada por Richard Avedon cuando hizo sus retratos de la gente en Estados Unidos en el mundo campesino, pero digamos que Nadar, que fue el primer fotógrafo conocido en el siglo XVIII, ya había retratos así. No es la técnica, lo que digo es que es un encuadre, un punto de vista fotográfico… y eso lo ha hecho exactamente de la misma forma en que yo lo he hecho, hasta ha ido a fotografiar gente que yo mismo he fotografiado. Esta persona dice que no sabía nada, que su trabajo personal es suficiente para demostrar su seriedad. Ella se creía suficientemente famosa y pensando que la expresión corporal es un trabajo de ella, y que es un trabajo que solamente a ella le toca, entonces le valió verga, porque no hay otra palabra, lo que hacen los otros. Así actuó. Ella dice que ha tenido una exposición bastante importante en España en la Casa de las Américas, defiende su teoría con el pretexto de que la Casa de las Américas es un lugar muy serio donde Vargas Llosa y un montón de latinoamericanos han estado exponiendo y todo, pero yo ya en el 97 estuve también exponiendo en la Casa de las Américas, en Madrid. Los hechos están en las fechas, no puede ser que siento mi trabajo distribuido por Corbis, la agencia más importante en el mundo y con el más grande alcance de distribución fotográfica, teniendo al mismo director artístico, que conocía de mi trabajo, ella no sepa de mi trabajo. Esta persona es una burla. Es evidente que esta señora no tiene mucha imaginación.

División contra el Crimen Organizado investiga asesinato de Poveda

El director de la Policía Nacional Civil reveló que la DECO participa en las investigaciones del asesinato del fotoperiodista hispanofrancés Christian Poveda, muerto la tarde del miércoles en un territorio dominado por la mara 18.

El Faro

El director de la Policía Nacional Civil, Carlos Ascenció, declaró este jueves que a la División Antihomicidios y al equipo de la Fiscalía General de la República se ha sumado la División Élite contra el Crimen Organizado para investigar el asesinato del periodista y documentalista Christian Poveda.

Ascenció no quiso detallar por qué esta unidad se suma a las labores de investigación, y declaró que es muy prematuro hablar de móviles que llevaron al o a los asesinos a cometer el crimen. Las declaraciones de Ascencio contradicen lo manifestado el miércoles por el ministro de Seguridad Pública, Manuel Melgar, quien aseguró que ya tenían pistas en el caso.

El presidente Mauricio Funes habló también de que ya había pistas sobre el crimen, y calificó el hecho como un “vil asesinato”. Funes dijo que ha dado órdenes expresas al ministro de Seguridad y al director de la PNC para que aceleren las investigaciones.

El miércoles 2 de septiembre, Casa Presidencial informó en un comunicado que el periodista y documentalista volvía de hacer una filmación en la urbanización La Campanera, de Soyapango, cuando fue interceptado por quienes le dieron muerte.

Poveda, quien había dedicado sus últimos años a documentar la vida de las pandillas, especialmente en El Salvador, había estrenado en varios países del mundo su película La Vida Loca, que retrata la vida de pandilleros de la mara 18.

Según la Policía Nacional Civil, el fotoperiodista recibió al menos cuatro balazos el miércoles alrededor de las 2 de la tarde, en un territorio que está bajo control de la pandilla 18. Su cuerpo fue encontrado junto al vehículo en el que se movilizaba y fue reconocido por su credencial de prensa. Del lugar del crimen fue llevado a Medicina Legal para la autopsia, de donde la embajada francesa lo retirará este día para llevarlo a una funeraria, donde habrá velación privada.

Poveda había estado la semana pasada dando un taller de fotografía y vídeo documental en San Luis Potosí, México. En El Salvador, donde fue impulsor de la exposición de fotoperiodismo salvadoreño Esfoto, sus colegas lo consideran un maestro.

Los organizadores de la exposición anual informaron que con motivo del asesinato de Poveda habían decidido postergar una semana la inauguración. Originalmente estaba prevista para este viernes, pero se ha trasladado para el próximo, 11 de septiembre.

Amigos de Poveda informaron que los parientes del periodista llegarán a El Salvador entre este viernes y el sábado.

Uno de diez

OPINIÓN. 

por  Edu Ponces, fotoperiodista Barcelonés corresponsal para EL FARO en El Salvador. 

Christian Poveda era un cuate y un colega.  Cuando yo era editor de fotografía de El Faro y montamos la exposición del primer año de la sección, Christian fue quien la curó. En buen salvadoreño, “nos dimos verga”; y parimos una buena expo.  Era de esos tipos cuyo tono de complicidad casi suena a regaño. Vieja escuela.

De los que se curtieron la piel en la guerra en El Salvador y en otras muchas más en Latinoamérica y el resto del mundo.   Recuerdo que durante una Plática le preguntamos por qué había decidido pasar más de un año documentando la cotidianidad de las pandillas en El Salvador, que cuál creía que era la utilidad de su trabajo. Contestó sin dudarlo: El Salvador es el ejemplo para el mundo de todo lo que no hay que hacer en el tema de la violencia.

Es curioso cómo cuatro disparos en la cara pueden dotar de  tanta fuerza unas palabras.

Pero no nos confundamos, Christian es sólo uno de los diez de hoy. Este domingo será uno de los 70 de esta semana y el próximo 30 de septiembre, uno de los 300 de este mes. Solo que esta vez es un periodista, un cuate, un colega. Hoy han matado a un compañero de armas, uno más de este pequeño, pobre y a veces suicida ejército que formamos los que creemos que las cosas no se cambian para bien con pistolas, sino con cámaras, libretas y lapiceros.

La verdad, hoy es de esos días que dan ganas de dejarlo. Agarrar un trabajo de oficina y salir temprano todas las tardes para echarme en una manta con mi sobrino y pasar horas aprendiendo a gatear.

Pero hoy también es de esos días en que dos grandes verdades se imponen como dos mazazos. La primera es que si miras mucho en la garganta del león, al final te come. La segunda es que hoy, más que nunca, hay que seguir mirando ahí. A ver si por fin podemos entender algo de este absurdo, a ver si entonces podemos empezar a cambiar esta locura, esta guerra.

Porque hay que tenerlo claro: a Christian Poveda lo mató una guerra. O al menos algo que, aunque se llame de otro modo, está hecho de la misma masa podrida y sin sentido con la que se hacen las guerras.

La última vez que vi a Christian fue hace exactamente un año, en el festival Visa Pour l’Image en Perpignan, Francia. Se estrenaba su película y cuando me disponía a agarrar uno de los audífonos de traducción simultánea noté una fuerte palmada en la espalda como la que el dueño de una tienda le propinaría a un niño al que sorprende robando. Y otra vez, el tono cómplice y regañón: “¡Que haces! ¡Tú no necesitas uno de esos!”

No sé qué harán mis compañeros de profesión pero yo esta noche voy a maldecir esta mierda de mundo y a toda la gente que hace y permite que siga siendo así.

Mañana, aunque cueste, agarraré la cámara y saldré a trabajar.